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Estilográfica Montblanc Meisterstück Classique

Foto del escritor: Borja Mejías
Borja Mejías
11 sept
5 min de lectura

Hay compras que responden a una necesidad y otras que responden a un deseo. La Montblanc Meisterstück Classique pertenece claramente a la segunda categoría.


Llevaba bastante tiempo queriendo tener una Montblanc. No buscaba una edición limitada, una colaboración especial ni una pieza especialmente extravagante. Al contrario: quería la Montblanc más clásica posible. La que uno imagina cuando piensa en una estilográfica Montblanc. La excusa perfecta llegó al terminar la carrera.


Después de años estudiando y de un tiempo ahorrando para poder permitírmela, decidí que terminar la carrera era un buen momento para darme ese capricho. La compré en una joyería de Cádiz y, cuando finalmente la tuve en la mano, la sensación fue bastante más especial de lo que esperaba. Era, en cierto modo, un reto conseguido.

No era solamente tener una pluma cara. Era tener algo por lo que llevaba tiempo ahorrando y que había conseguido finalmente con mi propio esfuerzo. Quizás por eso mi relación con ella empezó siendo algo más personal de lo que puede parecer desde fuera.



La clásica por excelencia


La Meisterstück Classique es, probablemente, una de esas estilográficas que no necesitan demasiadas presentaciones.


El modelo actual mantiene esa estética que ha convertido a la colección Meisterstück en uno de los diseños más reconocibles de la escritura de lujo. La versión que tengo combina el cuerpo y capuchón de resina preciosa negra con el característico emblema blanco de Montblanc en la parte superior. Los detalles metálicos están chapados en oro y el clip incorpora un número de serie individual.


El plumín es de oro Au 585, es decir, oro de 14 quilates, con una incrustación rodiada. En mi caso elegí el punto M, una elección que sobre el papel parecía bastante lógica, aunque después de un mes tengo algunas cosas que decir al respecto.


La pluma mide 140 mm y pesa 21,73 gramos. Y precisamente el peso es una de las cosas que más me han gustado de ella.


Puede parecer un dato poco importante, pero para mí tiene bastante sentido. La pluma se siente ligera en la mano y eso hace que resulte muy cómoda para escribir durante bastante tiempo. No da la sensación de estar utilizando un objeto excesivamente pesado o aparatoso.


El sistema de carga utiliza un convertidor de émbolo, aunque también permite utilizar cartuchos de tinta.


Un mes escribiendo con ella


La estoy utilizando principalmente para dos cosas: mi diario personal y para llevármela a la Facultad.

Y aquí es donde la compra ha terminado teniendo un efecto que no esperaba. Desde que tengo la Montblanc me apetece escribir más.


He recuperado incluso algunos hábitos que había dejado un poco de lado. Mis recordatorios han vuelto al papel y también estoy haciendo mis repertorios en papel. Puede parecer una tontería, pero tener una pluma que realmente disfrutas utilizando hace que escribir deje de ser simplemente una tarea. Ahora tengo más ganas de coger una libreta y escribir.


Para acompañarla estoy utilizando un libro de notas de ROSSI que compré en la Papelería Ferrer, en Sevilla. En cuanto a la tinta, estoy utilizando tinta negra de Montblanc que me regaló un amigo.


Es una combinación bastante sencilla: una libreta, tinta negra y una estilográfica. Pero precisamente ahí está parte de la gracia. No necesito mucho más.


El componente que no se puede medir


Hay otra razón por la que me gusta esta pluma y que probablemente no aparecería en una reseña convencional: el estatus.


Quizás no sea lo políticamente correcto decirlo, pero sería absurdo fingir que no existe: Llevar una Montblanc tiene algo de reconocimiento. Es parecido a lo que ocurre con determinados productos de Apple: no se trata únicamente de sus prestaciones. También existe la sensación de pertenecer a una determinada forma de entender el producto.


Cuando llevo la Meisterstück conmigo sé perfectamente qué llevo en el bolsillo. Y eso me gusta. Me encanta.


No creo que una Montblanc te convierta en mejor escritor, ni que su precio haga que tus apuntes sean mejores. Evidentemente, una estilográfica mucho más barata puede escribir perfectamente bien. Es el ejemplo perfecto de la Lamy Studio de la que os hablaba hace unos meses.


Pero, claramente, la experiencia es diferente.


Parte del atractivo está precisamente en saber que tienes entre las manos un objeto que ha construido una identidad muy fuerte a lo largo del tiempo. Un diseño reconocible, una marca con historia y una pieza que, al menos en mi caso, no compré pensando en cambiarla dentro de dos años.


La compré pensando en conservarla. Y quizá ahí esté el verdadero lujo.


El punto M: mi pequeña decepción


No todo iba a ser perfecto.


Hay una cosa de la Meisterstück Classique que me ha decepcionado ligeramente después de este primer mes: el grosor del plumín.


Elegí un M porque, viniendo de otras marcas, esperaba encontrar un punto medio relativamente contenido. Sin embargo, el M de Montblanc me resulta bastante más grueso de lo que estoy acostumbrado. Y para el uso que le estoy dando, se nota.


Para escribir un diario, tomar notas en la Facultad o hacer pequeños recordatorios, preferiría una escritura algo más fina. El flujo y la sensación general de escritura me gustan, pero el grosor del trazo hace que, en determinados momentos, tenga la sensación de que estoy utilizando más tinta y ocupando más espacio del necesario.


Es curioso porque, antes de comprarla, probablemente habría pensado que un M era simplemente un M. Después de utilizar diferentes estilográficas, uno empieza a darse cuenta de que las denominaciones de los plumines no son necesariamente equivalentes entre fabricantes.


En una futura Montblanc probablemente probaría un F o incluso un EF antes de decidirme.


¿Merece la pena?


Después de un mes, mi respuesta es que depende de lo que busques.


Si lo único que quieres es una estilográfica que escriba bien, hay opciones mucho más económicas que ofrecen una relación calidad-precio excelente. No compraría una Meisterstück Classique pensando que necesitas gastar esta cantidad de dinero para disfrutar de la escritura.


Pero si buscas una pieza que combine escritura, diseño, historia y el placer de poseerla, la experiencia es diferente.


En mi caso, además, hay un componente sentimental que hace que la compra tenga todavía más sentido. Esta pluma está asociada al final de una etapa importante de mi vida.


Cuando la utilizo no pienso únicamente en Montblanc.


Pienso en todo lo que me costó llegar hasta el momento en el que pude comprarla.


Un mes después


Solo llevo un mes con ella, así que todavía me queda muchísimo por descubrir.


Quizás dentro de unos años mi opinión sobre el plumín haya cambiado. Quizás termine acostumbrándome al M o quizá acabe llevándolo a ajustar. También puede que dentro de un tiempo termine comprando otra estilográfica con un punto más fino y descubra nuevas preferencias.


Pero hay algo que ya tengo claro: La Montblanc Meisterstück Classique ha conseguido que vuelva a disfrutar de escribir cosas que antes simplemente apuntaba.


Y para una estilográfica, creo que no hay mejor elogio.


No sé si será realmente una pluma para toda la vida. Pero cuando la compré, esa era precisamente la idea.

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