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Cuaresma 2026

  • Foto del escritor: Borja Mejías
    Borja Mejías
  • 1 abr
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 2 abr

La Cuaresma es, para muchos músicos, uno de los tiempos más intensos del año. Ensayos, cultos, conciertos y encuentros con hermandades se suceden semana tras semana mientras la música va preparando el ambiente para la llegada de la Semana Santa. Este año he tenido la suerte de vivirla rodeado de grandes músicos, de hermandades que confían en nuestro trabajo y de momentos que merecen ser recordados.


La Cuaresma es siempre un camino que nos conduce hacia la Semana Santa, y la música puede ayudarnos a recorrerlo de una forma más profunda. Ahora, encarando la recta final de este tiempo de oración y penitencia, y a pocas horas de comenzar el Triduo Pascual, merece la pena detenerse a hacer memoria de todo lo vivido durante estos cuarenta días.


El Miércoles de Ceniza coincidió con los últimos días de la novena que celebra la Hermandad de Nuestra Señora de la Oliva de Salteras tras la fiesta de la Candelaria. Así, comenzamos este tiempo de la mano de la Virgen. Por la noche, interpretamos una serie de marchas en la presentación del cartel anunciador de la Semana Santa de la Tertulia Cofrade "Mater Mea" en un local de Salteras.


El viernes posterior al Miércoles de Ceniza nos trasladamos a la localidad de Lebrija para acompañar el rezo del Vía Crucis del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad. El acto estuvo presidido por Nuestro Padre Jesús del Ecce-Homo, de la Hermandad de los Gitanos, y tuvo lugar en la Parroquia de Nuestra Señora de la Oliva de Lebrija.


Ese mismo sábado, ya a las puertas de la primera semana de Cuaresma, nos encontramos en la Iglesia de Santa Marina, sede de la Hermandad del Resucitado de Sevilla, donde solemnizamos una misa en la que, tras la homilía, se celebró el bautismo de un niño.


El I Domingo de Cuaresma lo vivimos en la Catedral de Jerez de la Frontera. Durante la Eucaristía presidida por D. José Rico Pavés se celebró el segundo grado del Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos, con la inscripción del nombre de los catecúmenos, además de la institución de cuatro nuevos acólitos.


Posteriormente, también en Jerez, participamos en la Función Principal de Instituto de la Hermandad del Perdón.


Ya iniciada la primera semana de Cuaresma, permanecimos en Jerez para acompañar los cultos de la Hermandad de la Exaltación: cinco días de preparación espiritual presididos por D. Javier Ramírez, párroco de la parroquia de la Sed de Jerez, que culminaron con la Solemne Función Principal de Instituto.


En el II Domingo de Cuaresma, por la mañana, acompañamos la Función de la Hermandad de la Parroquia de las Viñas. Ya por la tarde-noche nos incorporamos al Quinario de la Hermandad de las Tres Caídas, celebrado en la Parroquia de San Lucas, también en Jerez.


Durante esa segunda semana, una vez finalizado el Quinario de las Tres Caídas, dimos comienzo al Triduo de la Hermandad del Prendimiento. Este estuvo presidido por D. Rafael Leal y se celebró en la Parroquia de Santiago el Real y de Refugio.


El 6 de marzo, la Orden de San Juan de Dios celebró la festividad de su santo patrón. Para ello nos desplazamos hasta el Santuario del Hospital San Juan Grande, donde acompañamos los cantos del Orfeón de Santa María de la Merced de Jerez, dirigido por D. Alberto Delgado.


Llegado el ecuador de la Cuaresma, el III Domingo nos brindó la ocasión de participar en tres celebraciones eucarísticas.


Por la mañana volvimos a acompañar al Orfeón de Santa María de la Merced en la Función Principal de Instituto de la Hermandad de la Sagrada Flagelación. Al concluir, nos dirigimos a la Parroquia de Santiago para participar en la Función Principal de Instituto de la Hermandad del Prendimiento.


Ya por la tarde nos trasladamos a la localidad de Tomares para incorporarnos al Septenario en honor de Nuestra Señora de los Dolores, patrona de la localidad, celebrado por la Hermandad Sacramental. El último día de este septenario estuvo presidido por D. Teodoro León, obispo auxiliar de Sevilla.


Con la llegada del IV Domingo de Cuaresma acompañamos la Función Principal de Instituto de la Hermandad del Nazareno de Jerez y, posteriormente, la de la Hermandad del Santo Entierro de Villamartín. Pasada la solemnidad de San José comenzaban a vislumbrarse los últimos días antes de la Semana Santa, quizá los más intensos de todo el camino cuaresmal.


El viernes de la cuarta semana dieron comienzo los cultos de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Salteras: siete días de Septenario en honor a los Dolores de Salteras. Ese mismo sábado nos desplazamos nuevamente a Villamartín para participar en la Función Principal de Instituto de la Hermandad de las Angustias.


El penúltimo domingo de Cuaresma, el V Domingo, volvimos a encargarnos de la música en la Catedral de Jerez durante la misa dominical, dejando todo preparado para la semana que habría de venir.


El Viernes de Dolores vivimos uno de los momentos más intensos de este tiempo: la Función Principal de Instituto de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, en Salteras. Aquella misma tarde acompañamos también la ofrenda que el Grupo Joven de la hermandad realiza a la Virgen, interpretando su himno durante la Función y en el posterior traslado de la dolorosa a su paso de palio.


Para adentrarnos definitivamente en la Semana Santa, cerramos la quinta semana con la misma hermandad con la que habíamos inciado la Cuaresma. Como cada año, estuvimos junto a la Hermandad del Perdón acompañando la misa de preparación para la Estación de Penitencia. Además, este año contamos con la incorporación de la hermandad del Santo Crucifijo de Jerez. Ese mismo sábado por la tarde celebramos el Via Crucis por el interior de la Parroquia de San Miguel.


El VI Domingo de Cuaresma, Domingo de Ramos, lo celebramos en la Santa Iglesia Catedral de Jerez con el solemne Pontifical presidido por D. José Rico Pavés, acompañando los cantos de la Coral de la Parroquia de los Dolores, dirigida por D. Joaquín Segovia.


El Lunes Santo regresamos a Sevilla para participar en la misa de preparación para la Estación de Penitencia de la Hermandad de la Redención, celebrada en la Iglesia de Santiago.


Finalmente, de la mano de Jesús del Prendimiento, María Santísima del Desamparo, Nuestro Padre Jesús de la Salud en sus Tres Caídas y María Santísima de los Dolores, concluimos este tiempo de Cuaresma en la Parroquia de Santiago y en la Parroquia de San Miguel de Jerez, también en las misas de preparación para las estaciones de penitencia de ambas hermandades. Además, como novedad este año, tuvimos la oportunidad de intepretar varias marchas durante la salida de la Hermandad del Prendimiento.


Durante estas semanas hemos tenido la oportunidad de participar en todos estos cultos de Cuaresma, cada uno con su propia personalidad y con un ambiente único.


Uno de los grandes regalos de esta Cuaresma ha sido poder compartir música con compañeros que elevan cada interpretación. Escuchar determinadas voces o instrumentos en momentos concretos convierte lo que hacemos en algo mucho más que música: lo transforma en una auténtica experiencia.


Por ello, quisiera agradecer a quienes me han acompañado en la mayoría de estos cultos: Adrián Blanco, Adrián Mateos y Jorge Ramírez; y, de manera especial, a Alonso García, Iván Rodríguez y Gerardo Santos, para quienes esta ha sido la primera Cuaresma junto a nosotros. Estar arropado por músicos de tanta calidad humana y profesional es un verdadero privilegio.


De entre todos los momentos vividos, me gustaría destacar especialmente la interpretación del Stabat Mater de Pergolesi, compuesto en 1736. Sin ellos, nada de esto habría sido posible.


También quiero dar las gracias a las hermandades que han contado con nosotros durante esta Cuaresma. Cada una de ellas nos ha abierto sus puertas y nos ha permitido formar parte de sus cultos y actos preparatorios para la Semana Santa. Vivir este tiempo de esta manera es una auténtica suerte para cualquier músico. Igualmente, agradecer al Orfeón de Santa María de la Merced y a la Coral de la Parroquia de los Dolores la confianza depositada en mí para acompañarlos en la interpretación de los cantos.


Con el corazón lleno de todo lo vivido, nos disponemos ahora a celebrar el Triduo Pascual.




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